Voy a pensar de manera racional, esto no es el fin del mundo.
Si no lo es ¿Por qué siento que el mundo se cae bajo mis pies? ¿Por qué mi mente a desconectado de la realidad? ¿Por qué siento que las rodillas me tiemblan y no pueden sostenerme? ¿Por qué mis ojos están anegados en lágrimas?
Esto no es el fin del mundo. La gente sigue con su vida ajena a mis sentimientos, mientras yo me consumo.
Apago el monitor del ordenador, e intento llegar a mi habitación a tientas puesto que la cortina de gotas de agua, un poco de sal y tristeza que empañan mis ojos no me permite la visión.
Cuando consigo entrar me apoyo tras la puerta, acurrucada en un rincón, ocupando poco espacio, tratando de desaparecer. Miro mi móvil, son tan solo las once, pero mi familia ya se ha acostado. Lo único que deseo es que no se despierten y hagan preguntas comprometedoras sobre mi estado de ánimo. Por lo tanto coonsigo reprimir todo este dolos, tragarme mis penas y aprender a llorar sin lágrimas.
Aprendí a hacerlo, aprendí que cuando quieres algo hay que hacer sacrificios que te van a desgarrar, pero en el fondo sabes que estará bien, que estás haciendo lo correcto. Haces lo posible para solucionar los problemas que rodean a tu entrono pero nadie hace nada por ti.
Es curioso como la gente se mueve por impulsos, no reflexionan de manera seria, si pensasemos con más cabeza, más situaciones como esta se evitarían.
Empiezo a respirar con dificultad rememorando la conversación, y cuando creo que ya me había calmado observo ante mi incredulidad que hay silenciosas lágrimas que recorren mis mejillas. Otra vez no...
Oigo entonces pasos que se acercan, y medio a ciegas me escondo bajo los edredones simulando estar dormida y así evitar conversaciones innecesarias.
Y es que a veces nuestras acciones pueden cambiar una situación a bien o a mal. Nuestras palabras pueden provocar dolor o felicidad. Nuestros actos pueden determinar nuestro futuro.
A veces es mejor pensar en los demas que en ´u propio bien, porque, aunque estés muy mal por dentro, si sientes que estás así es por algo que realmente merece la pena y quieres luchar por ello.
Pero ¿Quién se preocupa de tu propia felicidad? ¿Quién mueve los hilos de todo este circo en el cual somos marionetas?
Solo se que mañana cuando abra los ojos, mi relejo mostrará a alguien desolado, con la cara demacrada, ojos rojos e hinchados y labios temblorosos... Pero con una máscara puesta para que, por lo menos, el mundo de los demás no acabe como ha hecho el tuyo.
Clara
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